¿Qué me cuentas?

La narración es un tipo de texto que utilizamos de forma muy cotidiana. Nos pasamos el día contándonos cosas. Y es que desde tiempos inmemorables el ser humano ha sentido la necesidad de contar lo que le pasa, pero también de inventarlo. Por eso hay historias que en los primeros tiempos sirvieron para explicar lo inexplicable, como los mitos; más adelante algunos hechos y personajes históricos se tiñeron de ecos maravillosos que el pueblo asumía como fidedignos en las leyendas; los hermanos Grimm o Hans Christian Andersen recopilaron en el siglo XIX los cuentos populares que se transmitían de forma oral, de los que conocemos tantas versiones como veces han sido narrados antes de ir a dormir, en la escuela, en el cine… Hasta hoy, escritores de todas las partes del mundo han dedicado alguna des sus páginas al cuento literario: Antón Chéjov, Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling, Guy de Maupassant, Augusto Monterroso, Julio Cortázar o Mario Benedetti son algunos escritores cuyos relatos me han hecho siempre disfrutar de lo lindo.

Pues bien, partiendo de una narración de carácter informativo, como es la noticia de un periódico, nos hemos adentrado en el mundo de la ficción. Hemos convertido a personajes reales en fantásticos, hemos recreado el lugar de los hechos e inventado nuevas acciones con el fin de fabular, entretener y divertirnos. En esta antología podréis leer el resultado de los diferentes equipos de trabajo y cómo de la misma noticia surgen diferentes ficciones. Echad un vistazo, el esfuerzo, como siempre, ha merecido la pena.

Pincha aquí para leer los relatos.

Aquí tenéis algunos documentos que nos han ayudado a organizar el trabajo.

Para reflexionar acerca de los elementos de la narración y planificar cambios.

Rúbrica para la coevaluación de los equipos.

La argumentación

ndice-2Desde la crisis económica del 2008 y la implantación de la Ley Orgánica  para la mejora de la calidad educativa de 2013, LOMCE, hemos presenciado y sufrido una serie de cambios en la enseñanza pública con los que gran parte del profesorado y alumnado no estamos de acuerdo. Varias huelgas, paros y movilizaciones en diversos centros de la Comunidad Autónoma Vasca han dado cuenta de ello, pero no han servido para mucho, la verdad. Tras tres años sin ningún llamamiento por parte de los sindicatos, se anunció la huelga del 22 de marzo y, aunque en un principio me mostré reticente a secundarla, ayer decidí sumarme a ella por varios motivos.

En primer lugar, puede que el Gobierno Vasco siga sin hacer ni caso ante las protestas por los recortes que empeoran nuestras condiciones de trabajo, como son una subida irrisoria del 1% después de tener el sueldo congelado desde 2012, descuentos durante los periodos de baja por enfermedad, falta de estabilidad o retraso de la edad de jubilación; pero sería aún peor si no dijéramos nada y está claro que no podemos pasar por alto el derecho a la pataleta. Al menos que nos oigan.

En segundo lugar, día día hacemos frente a duras condiciones en las aulas: aumento del número de alumnas y  alumnos por clase, aumento de horas lectivas y falta de recursos tanto físicos (medios digitales o espacios apropiados a las nuevas metodologías) como humanos (profesorado de apoyo, tutorías personalizadas y sicopedagogos que nos ayuden a mejorar la convivencia en los centros y a garantizar la inclusión). Y aún así no nos desanimamos un ápice e intentamos buscar la forma de salir de la rutina, de no dejarnos llevar por la inercia y experimentar con nuevas actividades en grupos cooperativos, con gamificación, con tertulias dialógicas, con nuevos métodos de autoevaluación… Y todo esto, a pesar de lo poco rentable que resulta a veces, lleva mucho tiempo, mucha preparación, mucha buena voluntad y mucha energía.

En tercer lugar, me indigna la incongruencia de tener que programar una serie de objetivos en función de las competencias y la funcionalidad de los contenidos, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, y que luego se nos exija preparar al alumnado de 4º y  2º de bachillerato para superar una prueba , una especie de révalida. ¡Vaya papeleta, ahora que nos habían dicho que los exámenes no eran tan importantes, que había otra forma de evaluar! Obviamente, esto nos quitará libertad para los trabajos por proyectos, potenciará la competitividad por una nota y perjudicará la ayuda mutua que se fomenta en un aula cooperativa e inclusiva.

Por último, hago huelga porque ayer tenía intención de avisar al jefe de estudios de mi instituto de que haría huelga pero no tuve ni tiempo. Porque desde la primera hora de clase anduve corriendo por los pasillos llevando y trayendo exámenes corregidos, preparando formularios para el ensayo de la prueba diagnóstico en 2º de la ESO, consolando a los que habían suspendido, felicitando a los que habían aprobado, coordinándome con los otros profes de Lengua, porque acaba una evaluación y empieza otra y no tienes tiempo ni de echar un café en el bar de la esquina y queremos buscar poemas, bellos poemas, para empezar con la literatura, que no he tenido tiempo de programar porque las tardes de la semana pasada las dedicamos a formación, escribiendo a Elkar para encargar los nuevos libros de lectura y finalmente salí escopetada por la puerta del insti camino del metro para poder llegar a tiempo a la escuela de mi hijo y, sí, de regreso a casa le conté que, al día siguiente, ni él iba a la escuela ni yo al instituto, que iríamos a una manifestación para protestar por todo este cansancio y hartazgo. Porque él y todos vosotros y todas vosotras tenéis derecho a una educación mejor.

Los textos prescriptivos

Los derechos del lector, por Daniel Pennac (“Como una novlea” 1992)

1) El derecho a no leer.

2) El derecho a saltarnos páginas.daniel_pennac_redux

3) El derecho a no terminar un libro.

4) El derecho a releer.

5) El derecho a leer cualquier cosa.

6) El derecho al bovarismo.

7) El derecho a leer en cualquier sitio.

8) El derecho a hojear.

9) El derecho a leer en voz alta.

10) El derecho a callarnos.

Bovarismo: término que se refiere a madame Bovary, personaje de Gustave Flaubert que confundía lo cotidiano con lo novelesco y pretendía vivir una vida de heroína
romántica.